20 de agosto de 2009

Destino, casualidad o coincidencia...

Foto: Marijo Grass

Pasar las vacaciones en el lugar donde crecí, aprendí a nadar o montar en bicicleta, me permite disfrutar de la familia; habitualmente nos separan un puñado de kilómetros que me impiden regresar con frecuencia.

Aquí es fácil coincidir con los que compartí de niña baños y excursiones sobre dos ruedas pero, cruzarme con ELLA otra vez, a 600 km, en menos de dos meses, me ha dejado perpleja y, como estaba haciendo de cicerone con mi novio, enseñándole estas playas tan bellas— que hasta le he hecho subir como una cabra hasta la cima del Peñón de Ifach ¡con chanclas!—, he acabado disparando la primera foto como paparazzi de mi vida, y así puedo dar la razón a mi madre con sus frases lapidarias: “ Nena, no digas nunca de esta agua no beberé”.

— Es una señal— dice mi novio, añadiendo un par de hielos a su café del tiempo.
— ¿Una señal? ¿De qué? — interrogo pensativa al tiempo que doy pequeños sorbos a mi limón granizado.
— Pues, no sé. Una señal de algo. Tú tienes un largo historial en el mundo de la cultura. Te podría dar un premio—. Esto es un buen novio apoyando mi causa.
— Un poco arriesgado aventurar su futuro tal y como está el asunto de las redes y todo eso. Además, ¿qué Ministro, antes de jurar el cargo, ha tenido una legión de detractores invitándole a pirarse?

Lo curioso de las coincidencias es cuando se producen por generación espontánea. La primera vez que la encontré, en un lugar tan poco previsible para una Ministra, pensé lo mismo: ¿donde habrá aparcado su escolta? Porque, hoy en día, cualquier concejal de serie B la lleva, y yo los imagino como en las películas: en plan segurata con pedigrí, pinganillo incorporado, traje oscuro de corte moderno y expresión arrogante; y, por supuesto: nada de jugar al hombre invisible, que han visto demasiadas series de televisión americanas y tienen que lucirse.


Foto: Marijo Grass

Esta mañana hemos organizado una sesión de manicura con las niñas, que se disfrazaban para una improvisada función de teatro. Minutos más tarde encuentro, entre los libros que me quedan en la maleta, un artículo publicado por Salvador Llopart en La Vanguardia del 28 de junio pasado con motivo de la celebración de :“La fiesta de verano del cine catalán”, organizada por su recién creada Academia, a cargo de Joel Joan; ilustrada con una foto en la que este último aparece sonriente en compañía del Presidente Montilla y nuestra Ministra de Cultura: anterior Presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas.


Aunque suene a excentricidad o al cotilla que todos llevamos dentro, recuerdo haber separado ese artículo para disfrutar del éxito, por su ópera prima, de una antigua alumna de la escuela de cine; además de comprobar si las uñas de la Sra. González Sinde habían conseguido un apaño para esa noche en que las cámaras se encargarían de inmortalizar el detalle sin ningún tipo de miramiento pero, ¡¡¡AJÁ!!!, la foto que ilustra el artículo muestra un encuadre en un plano ¾ en el caso de Joel Joan, que es muy alto; plano medio largo para la Ministra, que no es tan alta como Joel Joan; y plano medio para el Presidente Montilla, que al lado de los otros dos parece Sarkozy cuando no tiene escalón al que subirse en una foto oficial. Los tres con esa sonrisa, tipo rombo, de las que sostienen el rostro cansino para que la tromba de flashes inmortalicen el momento con el mismo encuadre.



Foto: Academia del Cine Catalán

La cuestión es que la imagen recorta las manos de la Sra. Sinde— que mantiene pegadas a sus caderas—, y me impide comprobar el asunto de su manicura.

Como mi curiosidad no ha sido satisfecha, releo el artículo donde LLopart describe lo siguiente: “…La cita es el viernes en los jardines del hotel Miramar, a esa hora en que la luz del día empieza a dejar paso a una matizada oscuridad…”

El tono poético con el que describe el crítico cinematográfico el ambiente de la fiesta me hace pensar que nadie va a notar lo de sus uñas.

A estas alturas os estaréis preguntando qué interés tiene un tema tan insustancial como este y a mí qué carajo me importa, entre otras lindezas acusatorias sobre mi curiosidad supina.

Resulta que esa misma tarde— la de la fiesta en cuestión—, me encontraba en un negocio céntrico dedicado a estos menesteres, donde no hay que pedir cita previa pero sí esperar el turno para que te atiendan. En el instante en el que un chico habilidoso me quitaba las cutículas ( sí, he dicho chico), apareció por la puerta la Señora González Sinde con un casual look muy sencillo y sin maquillaje— como es habitual en ella—, portando una novela bajo el brazo y un bolso de estilo étnico.



Foto: Alezandra González

La encargada de la sala la interroga, desde su mesa, sin dejar de limar a otra clienta:

—¿Qué se va a hacer?
—Manos y pies, si es posible. ¿Tengo mucho rato de espera?— pregunta la Ministra.

La encargada echa un vistazo a su alrededor: la sala está llena. Todos los currantes ocupados y cinco señoras más esperan.

—Pues, por lo menos una hora y media…

La Ministra se queda pensativa unos segundos; supongo que para calcular el tiempo del que dispone, y dado el evento que la espera un par de horas más tarde, opta por salir un tanto contrariada exclamando:

—Bueno, muchas gracias. Me lo pienso…

Está claro que debe solucionar el asunto sin más demora; quizás en su hotel hay una esteticista de guardia o, en el peor de los casos: se compra un brillito y una lima y se arregla ella misma.

A mí me ha fascinado su bolso; y su voz— familiar por los últimos discursos en los Premios GOYA—, consigue que repare en su persona. La identifico de inmediato, aunque estrene corte de pelo con flequillo incorporado. Coincidimos una vez en el Festival de San Sebastián cuando se dedicaba a escribir guiones y los cargos públicos no formaban parte de su vida; pero cuando desaparece del garito me doy cuenta que nadie más la ha reconocido, a pesar de la cantidad de gente que la observaba mientras intentaba conseguir su turno en la lista de espera.

—Pues, si se lo piensa mucho, ¡le van a pasar delante media docena!— exclama la encargada en voz alta en cuanto la Ministra sale por la puerta.

Lo único que se me ocurre en ese momento es: ¿dónde ha aparcado su escolta? ¿Estarán leyendo el HOLA en la recepción disimulando su condición de hombres de negro? Porque supongo que los ministros llevan escolta y todo eso, aunque la Sinde es muy llana y, a lo mejor, les ha dado la tarde libre para que se vayan a tomar unas cañas.

—Es que la gente es la ostia— continúa la encargada—, se pueden quedar como momias mientras deciden si hacen la cola o se van…

Como la chica no cesa de hacer comentarios jocosos, se me ocurre preguntar al joven que me aplica con esmero una rayita blanca para mi manicura francesa:

—Pero, ¿tú sabes quién era esta señora?

Con cara de extrañeza menea la cabeza señalando un NO por respuesta.

La Ministra de Cultura.
—¡Ahh!, ¿siii?— me responde perplejo.
—Oye, reina— dirigiéndose a su compañera— ¿Sabes que esa señora era una Ministra?— El chaval parece referirse a un extraterrestre o a una comida exótica que no ha probado en su vida.
—¿Ministra?— entona la encargada como si le hablaran en zulú—. Yo, de política, sólo conozco a Rajoy y Zapatero— se despacha la chica sentando cátedra, regresando a la conversación que mantiene con su clienta sobre la depilación eléctrica.



Foto: Marijo Grass

En el salón reina una absoluta displicencia. La gente observa a las demás clientas o lee revistas del Cuore y el asunto se diluye con total indiferencia. Pero yo sigo preocupada por la Ministra deseando que encuentre una solución para aparecer en público estupenda, y que ninguna arpía se dedique a comentar su manicura como tantas veces ha ocurrido con las celebridades, sean locales o extranjeras.


Esperando encontrar a mi talentosa ex alumna desbordando felicidad, como señala LLopart en el artículo “…Las excelentes críticas recibidas por Tres dies amb la familia iluminan la cara…” , busco en la red los videos de esa noche en los que, además de ver a Mar Coll bellísima y tan humilde y serena como es ella— disfrutando de un merecido éxito por su película estupenda—, me encuentro a la Ministra en su intervención— donde observo aliviada sus manos con esmalte porcelana—, y pienso que las redactoras del Cuore o el In Touch no se van a cebar con ella. De momento ya tiene bastante con el clamor de los internautas, con los que inauguró su mandato y que, espero, respete con buen criterio y resuelva.



Foto: Marijo Grass

Mes y medio más tarde y a 600 kilómetros me vuelvo a cruzar con ella, disfrutando de un paseo estival, enfundada en un vestidito lencero y un bolso de estilo étnico del mismo tipo que lució en el centro de estética. Lo primero que he pensado es si, en vacaciones, llevan la escolta a cuestas. Supongo que también se pasean cerca, con un casual look que no desentone con el que luce ella.

Reconozco que el azar me ha obligado a hacer de paparazzi, con el parabién de mi novio, que cree en las señales del destino y se ha quedado tan perplejo como yo después de tanta coincidencia, casualidad o lo que sea.



Foto: Marijo Grass

De regreso a casa y con la anécdota a nuestras espaldas, los niños nos dan la bienvenida tirando unos petardos. Mi madre, que pasa la mitad del tiempo en la cocina, pela pimientos y berenjenas asadas para preparar una escalibada. Los mayores están jugando a la petanca. Observo a mi hermana, en su yogui moment, haciendo saludos al sol al borde del agua. Algunos leen, otros descansan en una hamaca, o disfrutan de la tertulia bajo los pinos porque, como dice Manolo: “Agosto, fríe el rostro”.

Pasar las vacaciones en el campo me proporciona una conexión permanente con la naturaleza: el sonido, los aromas, los colores y el contacto directo con la tierra.
También el placer de compartir con la familia, que habitualmente no tengo cerca, convirtiendo cada momento en una fiesta.



Foto: Marijo Grass

11 comentarios:

Cris dijo...

Me encantan tus anecdotas...
super geniales...

espero encontrar tu libro para poderlo leer...

Un super beso y te espero en mis dos espacios en blogger...

Claire dijo...

Un relato genial; Cuesta imaginarse a los políticos, o a la gente que sale en la tele en general, como personas normales y corrientes que entran en un centro de estética lleno de gente, y se tienen que marchar sin ser atendidos por no poder esperar una hora y media... así mantendrán los pies en el suelo jeje... Y lo de la encargada ha estado genial. Pero seguro que si le preguntas sobre alguien del mundo cuore o intouch... ¡¡lo sabe seguro!! jajaja.. Güeno no me voy a reir mucho de ella que aquí una servidora tampoco puede presumir de de que no fallaría si se cruzara con algún político importante, que nunca se sabe... Un abrazo muy grande y que pases una muy feliz semana.

Juan Rodríguez Millán dijo...

Bueno, he, aquí la comprobación de que el nivel de desconocimiento de nuestros políticos que aparece en las encuentas del CIS es absolutamente verídico, je, je, je...

González Sinde me temo que no está entre mis favoritas, soy de los que hace valoraciones por el trabajo de la gente, pero hay que reconocer que su elección tenía demasiados condicionantes negativos. Pero tiempo al tiempo, ya vendrá el juicio cuando deje el ministerio.

Yo no sé si creo en el destino, me temo que más bien no, pero todo es creer. Un amigo mío sí cree y muchas de las cosas que le han pasado tienen lecturas así. Si te da el premio, quiero la primicia, ¿eh...?, je, je, je...

LadyMarian dijo...

Mmm! Eso me parece más destino que coincidencia. Coincido con tu novio.

Yo no me suelo encontrar con políticos. Lo más cercano a un político fue la mujer del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. Ella se llama Karina Rabollini y es ex modelo. Es monísima y siempre está muy bien vestida. Me la encontré en un centro de vacunación privado de la Ciudad de Buenos Aires(=Capital Federal). Es muy curioso porque siendo de la Provincia viene hasta la capital para vacunarse. Claro, sabe muy bien que la atención privada de Capital Federal es mil veces mejor que la atención de los hospitales estatales de la Provincia de Buenos Aires ;P...aunque su marido en los discursos no lo diga, claro. ;)
Besos

acoolgirl dijo...

A ver si tanta coincidencia significa que vas a ser tú la que la suceda en el cargo!! Nunca se sabe!!

Pues yo me alegro de que no la hubieran reconocido en el centro de estética... A hacer cola como los demás!! Jajaja!!

Un besoteee

Welzen dijo...

Leyendo tu estupendo relato me he acordado del moreno que lucen este verano algunas políticas. Ellas también disfrutan del verano, y verlas debe ser toda una anécdota que contar.

adriana dijo...

Pues si, creo en las coincidencias y en las casualidades, todo sucede por alguna causa, y es menester nuestro interpretarlo, dicho así queda muy esotérico, no me tomes por una lunática, (aunque quizás un poco si¡¡¡), por norma, siempre tengo los pies muy bien puestos sobre la tierra.
Seguro que te encontraste a la señora ministra por alguna razón, ya nos la contarás más adelante, cuando nos comentes el nuevo encuentro, porque no dudes que se va a repetir … y cuando lo hagas como me reiré¡¡
Me encanta lanzar deseos a las estrellas con el corazón, y ver como se cumplen, porque no lo dudes todo lo que se desea con el corazón se cumple ¡¡

Lola dijo...

Me he metido en tu blog y me he sonreido muchas veces con tus posts.
Te seguiré leyendo y espero que tu leas el de esta persona que te escribe el comentario que tiene 75 años pero aun tiene mucho que decir. Un beso Lola
http://boheme.zruspas.org

Lola dijo...

Soy Lola y me gustaria que me ayudaras a aprender a poner fotos en mi blog hechas por mi. Como le pones el URL? Gracias.¿o sea, como las pasas a internet para poder meterlas donde quieras?

Jo Grass dijo...

CRIS: Estoy encantada de que hayas decidido sumarte a los comensales de esta cocina, y que te guste el menu, of course!
Ya sabes que te sigo...Un abrazo.
* Me emociona también que quieras leerme en formato largo. Espero tener la oportunidad de publicarlo.
CLAIRE: Tienes razón. Me parece muy bien que la gente no abuse de las preferencias que les puede otorgar un cargo público...y no pienses que yo podría reconocer a toda la esfera política si me la cruzo por la calle. En este caso conocía a esta Señora por su actividad cinematográfica, al haber coincidido con ella en algunos eventos del gremio en el que trabajo. Lo anecdótico del asunto es que pensé lo que dice JUAN sobre las encuestas del CIS. Estoy segura que si se tratara de Belén Esteban se habría enterado todo el centro de estética.
JUAN: Creo que deberíamos darle una oportunidad, y si luego no responde pues, ¡ que le corten la cabeza!, pero nunca antes de haber movido un dedo con su cargo actual.
Lady: No suelo cruzarme a la clase politica pero con esta mujer es diferente porque antes de Ministra fue guionista y, el cine español es un club; aunque sea en los Festivales, conoces a todo el mundo.
Lo que cuentas del político y la modelo es un clásico. casi te diría que un argumento universal, jaja
ACOOLGIRL: ¡ Antes muerta que Ministra!. No me interesa ese curro ni "regalao", jajaja, pero estoy contigo>: a hacer cola como todo el mundo.
ADRIANA: me gusta la idea de lanzar deseos a las estrellas; que sepas que hago prácticas siempre que el cielo me lo permite, como en estos días campestres porque, en Barcelona, resulta más dificil.
LOLA. ya nos hemos hecho incondicionales en un par de días. Este es el tipo de cosas que me alegran la vida. Estoy feliz de seguir tus reflexiones y sumarme a tus amigos lectores.

Con respecto a las fotos:
1- Una vez has descargado las imágenes en tu equipo, ábrelas con Fotoshop ( que me has dicho que sabes utilizar). Ves a ajustes de imagen ( menú ajustes) y modifica el tamaño y la resolución. Para colgar en la red déjalas a 72 puntos, que se abren más rápido. Te recomiendo que las guardes en otra carpeta añadiendo web al final del nombre para no confundirte.
2. Cuando estés editando tu entrada en Blogger tienes en la parte superior izquierda un icono de un cuadrito con un paisaje. Si pasas el ratón por encima verás que sirve para añadir imagen. Si pinchas sobre él se abrirá una pequeña ventana en la que te deja seleccionar las imágenes de tu propio equipo. Entras y buscas la que quieras y, a continuación, clicas en SUBIR. El editor tarda unos momentos hasta que te avisa que has finalizado. Pincha de nuevo en Finalizar y ya están en tu post. Puedes decidir previamente si las quieres centradas o a un lado etc y el tamaño. El editor te coloca por defecto la imagen al princípio del post. Si la quieres ubicar en otro lado, ves al editor en HTML, selecciona todo el código de la imagen y corta y pega donde te interese. VOILA!

Este es el sistema que utilizo porque soy una blogger novata. Seguro que la gente que te lee sabe mucho más que yo. En fin, espero haberte ayudado. Si no te funciona me lo dices e intento ampliar con detalle el asunto. Nos dejamos un correo y comentamos largo y tendido.

Un abrazo para todos

Lujo dijo...

Holaa
Me ha dejado perpleja la anécdota de la ministra en un centro de "Masajes a 1000". O.O
Pensaba que este tipo de gente iba a otros lugares con más glamour.

Hay un dicho "Dios no se queda con nada de nadie". Lo que tenga que venir, vendrá en su momento..Seguro que te ocurrirán cosas fantásticas. Apuesto por ello!
Abrazotes!