26 de enero de 2012

NEW LIFE

Foto: Marijo Grass


—Bueno, ¿entonces, qué? —Se levantó de la cama de un salto luciendo su desnudez sin pudor alguno y abrió las persianas dejando que la luz de una mañana de domingo inundara la estancia, mostrando su amplitud y un cierto desorden.

—No sé —murmuró Tomás somnoliento, asomando la cabeza entre las sábanas. Le regaló una amplia sonrisa enmarcando su expresión satisfecha, que no respondía a la pregunta de Amalia sino a la increíble noche de sexo que acababan de compartir.

—Creo que estaría bien, ya sabes, sin compromiso, cada uno en su habitación, bueno, en un extremo del loft. Repartiremos gastos. Viviremos mejor. ¿Qué me dices? —Se lanzó sobre él y se puso a horcajadas, ciñendo su cuerpo con el edredón; empezó a besar su cuello y se incorporó de nuevo —. Deberías dejártelo así, con los rizos sueltos —sugirió, acariciándole el pelo—. Pareces más joven, apetecible, canalla. Me gusta…, me pone a cien —Y empezó a besarlo otra vez.

—Estás como una cabra —Consiguió darse la vuelta y se colocó sobre ella.

—Pero, tendrás que hacer limpieza —precisó entre risas mientras intentaba zafarse del placaje que le practicaba Tom; así lo llamaba ella: Tom, y él a ella Ama cuando disfrutaban de sexo desinhibido y loco hasta el amanecer—. Necesito espacio para guardar mis cosas, Tom. Quizás ese viejo armario que tienes atiborrado de trastos. Con una mano de pintura y un par de baldas quedaría como nuevo —Sonrió traviesa, se deshizo de las sábanas que impedían el contacto de su piel y retomaron los prolegómenos del amor.

—De acuerdo, Ama —le susurró Tomás al oído, y continuó besando sus pechos con auténtica devoción.




Foto: Marijo Grass


Al día siguiente, al finalizar la jornada, subió a casa saltando las escaleras de dos en dos. Mientras sacaba una copa del congelador para servirse una cerveza bien fría pensó que había llegado el momento: empezar de nuevo, querer a alguien que te quiere y cocinar para dos. Con la cerveza en la mano recorrió toda la planta pensando en los cambios que haría Amalia. A las chicas les gusta hacer cambios; pero ella era diferente, divertida, espontánea. No se parecía en nada a Laura. Intentaba imaginar cómo afectarían esos cambios a su rutina; rutina de la que estaba cansado, aburrido, alienado; pero con Amalia era imposible aburrirse, por eso le gustaba la idea y estaba dispuesto a disfrutar una segunda oportunidad, a involucrarse en otra relación, o no. Empezó a dudar. La verdad es que formaban una pareja pintoresca: él tan formal y tan alto, ella tan alegre como diminuta a su lado. Como apuntaba Paco, el carnicero de la esquina con el que jugaba a básquet: “Parece de otra galaxia, tío, pero es muy simpática. Desde que ha aparecido estás más contento; juegas mejor”. Y le propinó una fuerte palmada en la espalda.


Foto: Marijo Grass


Tomás era un excelente cocinero, amante de su apacible vida de barrio, poco ambicioso y a todas luces encantador. Sus amigos creían que desperdiciaba su talento en un trabajo que le permitía sobrevivir pero no le reportaba ninguna satisfacción. Conoció a Amalia el día de su 33 aniversario. “Ya tienes la edad de Cristo”, le había dicho su madre por teléfono cuando llamó a primera hora de la mañana para felicitarlo. “A ver si te buscas una buena chica. Pasar tanto tiempo solo no es sano. Es mejor tener a alguien al lado, que te haga reír y te apoye cuando las cosas se ponen feas”. Él siempre había visto reír a sus padres, que eran como el día y la noche, lo sólido y lo líquido, el frío y el calor; dos contrarios que se atraían y respetaban sus diferencias porque no podían existir el uno sin el otro. Después de jubilarse se habían instalado en un apartamento con vistas al mar al sur del país, dispuestos a disfrutar todo el año de sus paseos al sol; más o menos en la época en que su matrimonio con Laura se fue al carajo. Esa era la respuesta de Tomás cuando le preguntaban por la que había sido su mujer: “Se fue al carajo”, gruñía sin malicia, cabizbajo, poniendo fin a la conversación. En realidad se largó con un empresario codicioso y aspecto de maleante, que conoció en un bar de carretera, una noche de tormenta, regresando del trabajo.


Foto: Marijo Grass


Laura fue su amor del instituto. Se liaron a los 16. Después fueron juntos a la Universidad, aunque a él no le interesaban los negocios sino el cultivo de plantas aromáticas, la cocina creativa, jugar a basket y patinar. Se casaron al terminar la carrera porque tocaba, llevaban muchos años juntos y ese era el deseo de ella, igual que estudiar administración de empresas. Tomás empezó a llevar la contabilidad en el concesionario que regentaba su padre, propiedad de un tío lejano, mientras Laura prolongaba su formación cursando un Master. Al contrario que su progenitor, no le interesaban los coches; ni siquiera tenía carné de conducir; prefería utilizar el transporte público, la bicicleta o su viejo monopatín. Cuando se separó de Laura, alquiló una de las naves que había sobre el concesionario y la convirtió en vivienda. A Tomás le parecía un palacio porque tenía acceso a una terraza y podía patinar en su interior. Años atrás se exponían vehículos nuevos y de ocasión, cuando la venta era un negocio próspero y la gente cambiaba de coche gracias a las generosas hipotecas que concedían los bancos. Ahora las cosas habían cambiado y lo poco que facturaban era de segunda mano. Su tío encontró la manera de sacar algún provecho a un edificio que se caía a pedazos alquilando las naves, además de su sobrino a artistas que estaban de paso, dado que carecía de presupuesto para encargar su rehabilitación.


Foto: Marijo Grass


Amalia apareció en la vida de Tomás buscando una vieja furgoneta de saldo. Cuando la chica se sentó frente a su mesa, a negociar la financiación, se dio cuenta que le temblaban las piernas. Nunca había conocido una mujer que le procurara esa sensación, y eso que no era especialmente guapa, pero le hizo reír como un idiota y, la verdad, era difícil, por no decir imposible, que algo así le ocurriera en el trabajo. Al fin y al cabo, él solo hacía números y rellenaba formularios. El vendedor era su tío, pero esa vez no atendió a la clienta, quizás porque el rostro aniñado de Amalia, que llevaba una pamela negra que le quedaba grande y un bolso con forma de mariposa, además de unas botas de agua amarillas y los labios pintados de rosa, le dejaron sin argumentos.



Foto: Marijo Grass


Una vez cerrado el trato, se sorprendió tomando unas cañas en el bar de la esquina con una joven desconocida de ojos saltones y pelo encrespado. Y, lo pasó en grande; tanto, que se olvidó de los amigos con los que había quedado para celebrar su cumpleaños. Esa noche, mientras regaba las plantas, decidió que quería verla de nuevo. Una semana más tarde la invitó a probar sus experimentos culinarios. Se entretuvo toda la mañana del sábado dando vueltas por el mercado sin saber qué comprar. No tenía idea si le gustaba la carne o el pescado, la pasta o el arroz, la verdura, el picante o la fruta de la pasión. Al final optó por una ensalada de brotes verdes al aroma de trufa, unos raviolis caramelizados con mango, y unas piruletas de pistacho y azafrán sobre un volcán de chocolate helado. Se le ocurrió, sin motivo justificable, que la chica preferiría un menú vegetariano antes que un festín de marisco o un solomillo al horno con manzanas y dátiles. Acertó. A Amalia le fascinó un menú tan sofisticado. Le explicó que ella solía preparar lo contrario: platos de cuchara bajos en grasas o comida de régimen, algo que formaba parte de su trabajo, cuando hacía de ángel de la guarda para un grupo de ancianos que vivían solos: buscaba recetas en el centro de atención primaria, les acompañaba al médico, los sacaba de paseo y cuando hacía mal tiempo leía en voz alta novelas románticas, históricas o de misterio. Ellos, a su vez, disfrutaban de su compañía, la enseñaban a tejer o le contaban sus batallas.

De madrugada, una vez digerido el festín, Tomás y Amalia hicieron el amor por primera vez . Seis meses después seguían disfrutando juntos.



Foto: Marijo Grass



CONTINUARÁ

31 comentarios:

Juanjo dijo...

¿A donde nos llevaras con esta historia de amor?...Espero que no tenga un final triste porque ultimamente estoy saturado de cosas tristes
Besos

Jo Grass dijo...

No te preocupes que yo tampoco estoy para cosas tristes; además, ya sabes que mis relatos siempre tienen happy end, o por lo menos resultan esperanzadores en algún sentido.
Besos y ánimos

Crispy♥ dijo...

ohhhh cómo sigue??? :):):)

Jo Grass dijo...

CRISPY: lo tengo en la cabeza pero lo escribiré este finde para que no tengáis que esperar mucho. Anoche me pareció que ya resultaba muy largo como entrada, por eso decidí dejarlo en la presentación del asunto.
Gracias por la visita

pseudosocióloga dijo...

Ainnnnsssss, que bonito.

Jo dijo...

siempre es esperanzador tan solo leer sobre lo nuevo
los cambios pueden ser drastcos y sorpresivos pero nuevos ... y lo importante es que hasta habria que tomar respiros mas profundos para comenzarles...

no pinta mal
cuando te levantas con ese entusiasmo y el pudor lo dejas olvidado en la cama y al voltear el es quien te sonrie y te mira de esa manera...

mil besos Mi Jo

Jo Grass dijo...

PSEUDOSOCIOLOGA: a ver si consigo que la segunda parte te parezca igual de bonita. Ainss

JO:los cambios siempre dan miedo, pero hay que mirar hacia delante, con esperanza, mucho mejor con amor, pero si no nos tiramos a la piscina es dificil que nuestra vida cambie a mejor.
besitos

raindrop dijo...

Ya tenemos a los personajes bien presentados y encarrilados.
Aprovechando el símil, podría decir que la mesa ya está bien puesta ^^

besos

Marisa dijo...

Una bellísima historia que no ha hecho más que comenzar. Todos los principios son fascinantes y palpitantes, veremos a ver como trancurren esos latidos locos de pasión...
La fotografía del cielo encapotado tiene su propia magia, Jo.

Encantada con esta historia y tus imágenes.
Un beso.

Jo Grass dijo...

RAINDROP: como la mesa está puesta, ahora solo falta probar el menú!
Besitos

MARISA: hubiera preferido colgar la historia completa, pero era muy tarde, estaba cansada y no quería que os aburriérais. Si continúo con lo que hay en mi cabeza, será necesario no olvidar los detalles de esta primera parte. Bueno, veremos.
Gracias por tus palabras, bella

Cantares dijo...

Hoy no lo leo, mañana paso de nuevo
Besos

Jo Grass dijo...

CANTARES: esta es tu casa. Puedes pasar y comentar cuando te apetezca. besitos, bella

Nieves dijo...

Bueno, bueno, estoy intrigada, como dijo Juanjo no me gustaría un final triste.

Me encantan las fotos tan bien elegidas!

Besitos ;)

Lola Mariné dijo...

¡Ah! Despues de tu larga ausencia pensaba que la nueva vida era la tuya.
Me alegro de tu regreso.
Besos

Jo Grass dijo...

NIEVES: me alegra que te gusten las fotos.Para mí son tan importantes como el relato. A ver si disfrutas también con la segunda parte.
Besitos

LOLA MARINÉ: ya quisiera yo anunciar una New Life, pero de momento solo figura en mis sueños más deseados.
Feliz finde, guapa

Cantares dijo...

Impredescible como la vida misma. me encantó, espero el resto
Besossssssssssssss

ayxagirona dijo...

Estic com tots, amb ganes de llegir un final feliç. Trobava a faltar llegir-te, encara que imagino que deus anar atabalada amb la feina. Bonica i maca la història, acaba-la també igual de bonica, que em ve de gust un happy end, com tu dius. Petons guapa des de la Costa Brava.

Jo Grass dijo...

CANTARES Y AYXA: espero no decepcionaros a ninguna. Requetebesos y buen fin de semana, guapas

Juan Carlos dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=rqzyMbOqork mira este video.. que refleja tu post y el mio =)

muy, muy bueno.. hay que seguir descubriendo vida y dejarse llevar..

Lola dijo...

He vuelto a disfrutar de un relato tuyo del que espero el desenlace. Ya era hora, sé que estás muy ocupada, pero... ya era hora, nos tenías impacientes. Un beso Lola

Jo Grass dijo...

JUAN CARLOS: acabo de ver ese videoclip y me ha alegrado la mañana, jajaj. ES verdad que tenemos que dejarnos descubrir y seguir descubriendo.
besos

LOLA_ Lola de mi corazón, ojalá pudiera dedicar más tiempo pero ya os dije que este año de vacas paupérrimas lo tenía dificil; en cualquier caso es un placer, y más placer todavía encontraros a vosotros. Mua

Juan Rodríguez Millán dijo...

Me encantan los personajes que creas, pero me encanta también cómo los presentas. Esta Amalia me ha parecido encantadora, tengo muchas ganas de saber de ella. Y eso que no es la protagonista... ¡Qué alegría volver a leerte (aunque esta vez haya sido con retraso)!

cessione del quinto dijo...

Me ha encantado el inicio de esta historia, pero sobre todo me ha gustado saber que no tendrà un final triste....tristezas tenemos ya muchas. Esperando...esperando.....

Anouk dijo...

Genial!!! Me ha encantado, espero que Ama y Tom tengan mucho tiempo para descubrirse y acompañarse, porque lo que está claro es que su primera mujer no tenía nada que ver con él.Como tantos y tantos matrimonios, juntos desde los 16 años y claro....no todas las parejas tienen la misma suerte de evolucionar y crecer en la misma dirección.Espero el "segundo capítulo"...

Jo Grass dijo...

CESSIONE DEL QUINTO: la gente habitual de esta cocina literaria sabe que siempre va a encontrar finales felices o esperanzadores. Creo que la vida ya se encarga de poner tintes dramáticos así que prefiero plantear conflictos que puedan ser resueltos con alegría.

Muchas gracias por tus palabras y por la visita. Regresa cuando quieras. Suelo publicar los jueves si no hay algo que me lo impida!

ANOUK: las parejas que se forman en la adolescencia dificilmente continúan juntos de adultos; todavía se están formando como personas y, como bien apuntas, es frecuente que evolucionen por caminos distintos.
En este caso el conflicto se genera cuando se presenta la oportunidad de rehacer su vida y no se atreven a dar el paso, por miedo a fracasar otra vez. Me encanta encontrarte de nuevo por aquí. Saludos!

Sergio dijo...

Ese "Continuará" final me ha desconcertado, con lo bien que acaba así.

Jo Grass dijo...

JUAN : ay, perdona , Juan, había leído los otros comentarios en el correo y no había visto el tuyo. Amalia es un personaje que se merece una historia propia, pero esta vez he decidio contar la de Tomás, jaja Me alegra que sigas disfrutando. Besitos

SERGIO: pero, en cualquier historia se produce un coflicto, y el de Tomás no lo hemos resuelto todavía porque no sabemos si finalmente aceptará que ella se instale en su casa y decida implicarse de nuevo en una relación digamos, más comprometida!

Allek dijo...

Hola que tal..
después de unos meses obcecados
vuelvo a tomar las riendas de mi Caja De Zapatos..
he vuelto con una nueva nota llamada “Secándonos”
te invito a que sigas leyendo..
un abrazo fuerte!!!

Jo Grass dijo...

ALLEK: me alegra tu regreso, Allek.

VAN dijo...

Me encantan las historias de amor y como escribes así que esto promete! Me voy al siguiente post. Un besazo

Sonix dijo...

Hola!
Perdona por venir tan tarde, soy un desastre últimamente... pero me he sentido en cierto modo retratada. Como Tomás, yo empecé con un chico a los 16 y fuimos juntos a la universidad. Por suerte, no nos casamos y cuando otro chico se cruzó en mi vida como un huracán, no hubo tantos lazos que romper. New life, nunca mejor dicho. Ahora sigo leyendo. ;)